
«La maggioranza non denuncia la situazione, per paura di perdere la fonte di guadagno»
Concorso ideato dal gruppo comunista Izquierda Unida. Vince 35enne con un impiego durato un’ora e mezza
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MADRID – I nomi dei due vincitori non si conoscono. Rivelarsi, sarebbe per loro troppo pericoloso e troppo umiliante. Potrebbero perdere il pochissimo che hanno, in cambio della compassione o, peggio, dell’ironia di amici e parenti ancora all’oscuro. In Spagna, adesso, è meno traumatizzante confessarsi omosessuali che precari. Figurarsi precari tra i precari: ritireranno, senza applausi né foto ricordo, la loro copia dello Statuto dei lavoratori e un’immaginetta di San Precario, che li protegga e aiuti nella loro ardua carriera. Entrambi celebreranno, in forma privata, la vittoria del concorso indetto dall’organizzazione giovanile di Izquierda Unida, gruppo di ispirazione comunista, tra i lavoratori più provvisori della provincia di Palencia (Castiglia e Leon). Il primo premio per il contratto più corto è stato vinto da un trentacinquenne che ha nel suo curriculum un impiego di un’ora e mezza in una settimana.
PREMIATI - Il primo premio per il maggior numero di contratti a termine accumulati in un anno è andato invece a un ventitreenne che è riuscito a firmarne quindici in dodici mesi. La selezione per la giuria non è stata molto faticosa: c’erano quindici candidati al record di brevità del contratto e cinque per la quantità di contratti in un anno. Gli organizzatori però hanno dovuto scartare tutti i partecipanti che non potevano dimostrare la loro precarietà perché lavorano in nero; e assicurano di aver ricevuto la testimonianza di molti altri che pur avendo, per così dire, le carte in regola, hanno preferito non rischiare il furore dei datori di lavoro se si fosse saputo che le usavano per partecipare al concorso. L’iniziativa, spiegano da Izquierda Unida, è servita a far emergere un panorama significativo del precariato nella provincia e anche del lavoro provvisorio e senza contratti: «La maggioranza non denuncia la situazione, per paura di perdere anche quella minima fonte di guadagno». Forse se, invece di una copia dello Statuto dei lavoratori, ci fosse stato in palio un contratto a tempo indeterminato, molti di più avrebbero accettato il rischio.
Italia y España en blanco y negro
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GASPAR LLAMAZARES
Italia, igual que España, junto al eterno retorno de Silvio Berlusconi, ha amanecido y va a permanecer largo tiempo en blanco y negro. En la época de la globalización, de la diversificación productiva y del consumo de masas, la paradoja es que el mundo de la política se empobrece en el blanco y negro de sólo dos grandes opciones políticas. En un polo, aparece la derecha extrema; en el otro, una suerte de reformismo más o menos progresista.
La derecha italiana, en plena euforia política, declara el fin de la izquierda alternativa y de la coalición Arco Iris. Los reformistas de uno y otro país saludan al nuevo centro como alternativa al incombustible
Berlusconi. ¿Se acabaron los colores? No arrimo el ascua a mi sardina si digo que las elecciones italianas han demostrado que lo ocurrido en España va más allá de los posibles errores cometidos por Izquierda Unida –en primer lugar los míos como coordinador general– a lo largo de los últimos años.
Asistimos a una estrategia muy amplia y de hondo calado de bipolarización de la representación política y de restricción de la pluralidad de las formaciones y las políticas de izquierdas en buena parte de Europa. El
miedo al otro que agita esa derecha extrema, junto al miedo a la involución que esgrime una amplia parte de
la izquierda sirven de caldo de cultivo a una especie de drama del que luego dan cuenta los medios de
comunicación.
Aunque con leyes electorales distintas, el objetivo común repetido en los comicios de ambos países ha sido impedir la representación de las fuerzas políticas portadoras del cambio de izquierdas. También resulta
significativo que en los dos casos cada sistema electoral sí se preocupe de dar protección a la representación de la diversidad territorial.
La americanización de la vida económica y social corre pareja en Italia y en España, e impregna cada vez más el espacio político. Tal y como constata Bauman, la globalización del consumo de masas es cada vez más incompatible con la democracia pluralista y el cambio social y ambiental.
La segunda paradoja es que este empobrecimiento de la representación política se produce cuando los
efectos, las necesidades y las resistencias al sistema –democráticas, económicas, sociales, ecológicas o de
género– son más plurales y más urgentes. Y la consecuencia es que en muchos casos las contradicciones
sociales no acaban resolviéndose con más derechos para los de abajo, todo lo contrario, ya que en más
ocasiones de las debidas se acentúan la confrontación y la exclusión del otro, ya sea inmigrante, vecino de
otro territorio o, simplemente, diferente.
Valga un ejemplo. Las primeras medidas económicas del segundo gobierno de Rodríguez Zapatero ya
anuncian con cierta claridad la orientación de la Legislatura: un giro a la derecha en las políticas de ámbito
socio-económico y de medio ambiente, mientras se tratan de mantener y se publicitan hasta la saciedad las
líneas de más o menos modernización de la sociedad en materia de igualdad de género o de derechos
civiles. En resumen, se da carpetazo a la etapa de los proyectos políticos de cambio en cuestiones globales
y fundamentales, como la paz, el medio ambiente o el modelo de Estado y se entra de lleno en la gestión, y
en particular en la gestión neoliberal de la crisis económica. Veremos los resultados.
Todo ello nos obliga a proponernos un proceso constituyente de la Izquierda Alternativa en España y en
Europa. Nos lleva a abrirnos aún más a la sociedad, a analizar sin dogmas el mundo de hoy para cambiarlo,
a refundar nuestros proyectos en la pluralidad y en la participación políticas, a colaborar con los que son
diferentes sin sectarismo. Y, mientras tanto, a hacer política concreta.
Ello no obsta para que IU supere, cuanto antes, insuficiencias y errores. Buena parte los asumo en primera persona, como la en ocasiones falta de correspondencia entre la dinámica social y la actividad
parlamentaria-institucional, la crispación en la vida interna, los problemas para organizar la política en un
ambiente de interiorización, las dificultades para normalizar la política de alianzas –en particular con el
PSOE y con los sindicatos de clase–, o la necesidad de equilibrar como componente de la federalidad las
competencias propias y la responsabilidad.
Los colores de la resistencia y la alternativa siguen presentes en la sociedad española, como en la italiana. Tanto Izquierda Unida como la coalición Arco Iris son proyectos políticos plurales de la Izquierda Alternativa con capacidad para representarlos. Sin embargo, para que la capacidad se convierta en realidad, no basta con recomponer lo existente, aunque es imprescindible. Es necesario abrir más Izquierda Unida a la sociedad y convocar el proceso constituyente para una nueva etapa.
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Gaspar Llamazares es coordinador general de IU
Ilustración de Miguel Gallardo
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fonte:http://www1.izquierda-unida.es/doc/1209134354592.pdf
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